Pocas palabras se usan tan sueltas en el marketing inmobiliario como "plusvalía". Se le pone un porcentaje (25%, 30%, a veces más) y se presenta como un hecho. La mayoría de las veces, ese número no tiene ninguna fuente detrás.
Qué es realmente la plusvalía
La plusvalía es el incremento en el valor de una propiedad a lo largo del tiempo, resultado de factores como la demanda de la zona, el desarrollo de infraestructura circundante, la escasez relativa de oferta, y, en el caso de la preventa, el hecho de comprar "a precio de obra" algo que al entregarse vale como terminado.
Hay dos formas de hablar de plusvalía: la histórica (cómo se comportaron los precios de esa zona en el pasado, algo que sí se puede verificar con datos públicos o comparables de mercado) y la proyectada (una estimación de cómo se comportarán en el futuro, que por definición es una proyección, no un hecho consumado).
La señal de alerta que debes reconocer
Cuando un número de plusvalía se presenta sin decir de dónde viene (sin comparables, sin fuente, sin metodología), es marketing, no dato. Pregunta siempre: ¿este porcentaje es histórico o proyectado? ¿Con qué comparables se calculó? ¿Quién lo calculó y bajo qué supuestos?
Ningún porcentaje de plusvalía es una garantía. Es, en el mejor caso, una estimación informada con una fuente detrás.
Cómo lo manejamos en GR8
En el criterio de plusvalía del Método GR8, si tenemos un dato histórico verificable de la zona, lo mostramos con su fuente. Si no lo tenemos, el criterio queda marcado como pendiente en vez de rellenarlo con un porcentaje que "suene razonable". Preferimos una ficha con un espacio vacío honesto que una con un número bonito sin respaldo.
